La navidad ya está aquí, la ciudad se viste de adornitos luminosos, el Corte Inglés pone el super mural ese de bombillitas, que cada día se le funden unas cuantas, tenemos que hacer a la fuerza regalos semicaros para la familia, para no quedar mal como todos los años, hemos de aguantar la cena de empresa con tus compañeros esos con los que nunca hablas, pero se emborrachan y te hacen bromitas, y la frase más escuchada estos días es “feliz navidad, año nuevo, y todo eso que se suele decir”. Y digo yo, si no quieres decir la frase típica de feliz navidad, no la digas, y te ahorras tener que añadir esa coletilla de “todo lo que se suele decir” para hacerte el interesante.

En fin. Por desgracia, otro clásico vuelve también. Un clásico desconocido por la humanidad porque sólo vuelve cada año en mi vida, dejando al resto de la gente feliz y saludable: es mi faringitis navideña. No es que mi garganta goce de una salud envidiable, de hecho desde que dejé de fumar, el 70% de los días del año parece un centollo de lo roja que está. Pero no falla, es llegar el 22 de diciembre, y mi garganta se pone del tamaño de un galápago loco, se me taponan los oídos, se me pone voz de retrasado mental por la congestión nasal, y generalmente mi índice de actividad, que normalmente está a un 3 sobre 10, pasa directamente al cero, se apaga y sólo me quedan ganas de meterme en la cama, pegar una bomba lapa por debajo, y accionarla con el pie.

Con lo cual, en vez de salir el viernes en busca de alcohol y amor barato… perdón, quiero decir amor y alcohol barato, tengo que recurrir al habitual plan de quedarme en casa, comer palomitas que no me saben a nada porque tengo la nariz llena de mocos y voz de subnormal, tomarme una aspirina y ver películas de mierda pero que en el fondo me gustan.
Este viernes era especial, podía oír a través de mi ventana las felices voces de tantos y tantas que celebraban la llegada de la navidad y el comienzo de sus vacaciones, así que le tocó el turno a una película no menos especial, una que hacía por lo menos 17 años que no veía, seguro que me lo iba a pasar mejor que todos ellos, oh alcohólicos de fin de semana. ¿Seguro? Claro que sí, o acaso hay algo en el mundo mejor que perder dos horas de tu vida viendo… la película de la pandilla basura?

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Me imagino que todos recordaréis los cromos de la pandilla basura. Surgieron allá por 1985 en Estados Unidos, y se llamaron Garbage Pail Kids, haciendo una clara referencia a unos inocentes muñecos que estaban muy de moda por aquel entonces, los Cabbage Patch Kids, que tenían un cabezón enorme, cara de col, y eran por lo general más cursis que limpiarte el culo con un post-it amarillo. La marca de chicles Topps, decidió inspirarse en las caras de esos muñecos, pero poner a sus nuevos personajes en situaciones bastante alejadas de la vida de paz y felicidad de Cabbage Patch Kids. Garbage Pail Kids era una serie de cromos en la que cada uno representaba a una especie de criajo asqueroso en situaciones como sacando varias lenguas por su boca, rebozado en mierda, vomitando encima de algún sitio, cortándose las enormes uñas de los pies con un cuchillo, lleno de quemaduras de cigarrillo, expulsando unos mocos del tamaño de Cuenca, o directamente sumergido en un charco de basura. El dibujante de los cromos no sólo nos ayudaba con un dibujo a salir del mundo de paz y alegría en el que estábamos sumidos por ser niños, sino que además nos decía el nombre del personaje en cuestión, que en cada cromo era una rima o una especie de juego de palabras graciosete con la imagen que representaba y el nombre de pila del crío. Así, teníamos (tenían) cromos como Chilly Millie, Leaky Lou o Oliver Twisted. Hey, como el cantante de Crashdïet.

No estoy demasiado seguro de cuándo llegaron a España, pero yo diría que hubo por lo menos un par de ediciones, la primera en cromos de cartón y la segunda en cromos autoadhesivos, y ambas fueron una mezcla de todas las temporadas que habían aparecido ya en EEUU. Rebautizados como “la pandilla basura“, es una de las colecciones de cromos que más me fascinaron en su momento (y aún hoy en día me fascina!), y aunque no la hice en serio, sí que compré un montón de sobres para descubrir si era posible superar a Podrido Rodrigo. Porque claro, si a España hubieran llegado con esos nombres en inglés, los cromos no habrían tenido ni puta gracia, era necesario adaptarlos al español para que realmente tuvieran algo de sentido. Y ahí radicó la única pega que le veo a la versión española, que mientras algunos nombres tienen gracia, otros parece que la editorial obligó a dos becarios a terminar de poner nombre a los doscientos y pico cromos en una noche, a base de café, comida china en cajitas de cartón (que es lo que se compra siempre en las películas cuando hay que quedarse en la editorial a terminar el trabajo atrasado que te ha dejado tu jefe el cabrón, o cuando el detective despistado tiene que quedarse toda la noche con la detective sensual para encontrar alguna pista en unos libros enormes) y tabaco. Así, en los cromos españoles tuvimos maravillosos nombres como “Tumba Rumba“, “Janki Panki“, “Destrozado Ladislado” o “Bebido el Herido“, supongo que estaréis conmigo en que están sujetados un poco con pincitas (sobre todo Ladislado, que ni siquiera existe!), frente a otros que he de reconocer que sí que me hacían mucha gracia, como “Mordido Toribio“, “Algodón Felipón“, “Guerrero Fulero“, “Adefesio Nemesio” o “Qué tirón, Rigodón“.

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La verdad es que no me explico cómo no levantaron más revuelo estos cromos en España, o tal vez sí lo levantaron y yo no me enteraba, si hasta aparecía un pobre ser siendo fusilado o ésto!!. En su América natal hicieron estragos allá por donde pasaron, incluso cancelaron la serie de dibujos animados que se hizo basada en los cromos, y sólo se pudo ver en algunos países europeos, pero en nuestro país yo sólo recuerdo que todos éramos felices viendo a Guarrete Luisete vomitando peces, y como mucho, tal vez nuestra madre nos decía de vez en cuando “hijo mío, qué guarradas te gustan“.
De lo que estoy seguro es de que hoy en día, con tanta asociación de padres, con tanto convertir en cuadraditos las caras de los niños que aparecen por la tele y con tanta defensa del menor, los cromos de la pandilla basura no podrían ver la luz del día y serían protagonistas de debates y manifestaciones por la calle, aunque luego el niño en cuestión pueda encontrar en dos minutos una foto de un caballo ninfómano con el falo azul en internet.

Pues bien, tanta relevancia adquirieron los cromos, que alguien tuvo la brillante idea de llevarlos a la gran pantalla en forma de película. Así nació The Garbage Pail Kids Movie.
El problema es que, mientras todos esperaban un festival de detritus volando y mocos flotando en aguas fecales, el resultado fue algo distinto. Yo no la recuerdo del cine, sino de más o menos un año más tarde, cuando me dio por alquilarla en el video-club uno de esos inocentes sábados por la mañana, cuando aún ni sabías lo que significaba tener resaca y asqueamiento vital, y lo más emocionante del fin de semana era alquilar un par de películas de ninjas. Lo único que recuerdo de ese lejano día en el que la vi por primera vez es que, paradojicamente, no recuerdo nada realmente relevante, y creo que me quedé con cara de pez y la sensación de haber visto una película apestosa, pero no en el sentido escatológico, sino en el de que la película es horriblemente mala a más no poder, como hoy he podido volver a corroborar.

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En los títulos de crédito, que son casi lo mejor de la película, si exceptuamos a la protagonista femenina, podemos ver que supuestamente la pandilla basura es de algún planeta de mierda del espacio exterior, y llegan a la Tierra en una especie de platillo volante con forma de cubo de basura. Hey, qué predecible. Y hey, cómo que vienen en un platillo volante? Yo siempre pensé que los críos de la pandilla basura no se conocían entre si, estaban desperdigados por el mundo, y lo de “pandilla” era simplemente una forma de denominar a seres tan guarreras que cocinan vómito o tienen granos de pus del tamaño de la frente de Dio. Bueno, para qué engañarnos, mi imaginación de pequeño era cuasi-infinita, pero no tanto como para creer todo eso, realmente nunca consideré a la pandilla basura como gente real, sino como unos dibujos asquerosos que molaban simplemente por eso.
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Pero venga hombre, el argumento de la película ya se tambalea un poco con la historia del platillo volante. O sea, que al parecer existe un planeta habitado por todos los personajes de los cromos, en el que mires donde mires hay un riachuelo de vomitado, un tío oliéndose sus pedos o una chica con caspa en los pelos de la cara. Vale.
En la introducción de la película también se muestran a todos los protagonistas humanos en forma de cromos de Garbage Pail Kids, así como los siete miembros de la pandilla que aparecerán en la película, que son Valerie Vomit (una cría que vomita cada dos por tres), Ali Gator (un caimán que come dedos y ojos), Greaser Greg (una especie de macarra que aparte de ser enano no hace nada en concreto), Nat Nerd (un empollón lleno de granos que se mea encima cada vez que la cosa se pone mínimamente tensa), Windy Winston (un negro que se está rajando todo el rato con cara de felicidad), Messy Tessie (una moza a la que le sale una mocareda de la nariz todo el rato), y Foul Phil, que es un bebé al que supuestamente le canta el pozo que da asco, y que es el personaje más inquietante de toda la película, tanto por su cara de psicópata recibiendo órdenes de alguien que sólo habita en su cabeza, como por el doblaje español, realizado por José Carabias (Benji Price entre otros) y que está lleno de vocecitas aguditas que te dan ganas de vomitar al más puro estilo Valerie Vomit.
La mayoría de esos personajes existieron en la versión española de los cromos, pero evidentemente, los nombres eran otros. Así, Greaser Greg era Pegón Pepón, y Foul Phil era Apestoso Generoso. Qué nombres son mejores? Eso ya queda a vuestra más sincera elección, pero debo reconocer que Pegón Pepón es un nombre de lo más mono.
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Nada más comenzar la película, nos encontramos a un chavalín huyendo como alma que lleva el diablo de cuatro fulanos que le persiguen por todo el parque. Es así como conocemos al grueso de actores de la película. El chavalín en cuestión se llama Dodger, curioso nombre que jamás he oído ni creo que lo vuelva a hacer, tiene 14 años, y es perseguido por una pandilla de malotes formada por dos chicos, Juice y Wally, y dos chicas, Tangerine y Blythe. El problema no es que todos ellos tengan nombre de punkies enemigos en la fase del metro del Final Fight, no. El problema es que los dos tíos realmente tienen que serlo, y las dos tías tienen toda la pinta de tener entradas para ver a Poison esa misma noche, e intentar cazar a CC Deville desprevenido por los camerinos y ponerle una teta en la cara. Efectivamente, pelos cardados, maquillaje de puerta, mogollón de pulseras de latón, pendientes de plastiquete color pastel, spandex y tops superpuestos.

Resulta que Juice, el malote, lleva guantecitos de cuero sin dedos, porque estamos en los ochenta y ¿qué malote que pretenda infundir un mínimo de respeto no tiene en su armario un par de pares de guantes de cuero sin dedos?, y roba el dinero sistemáticamente, a plena luz del día y en el parque lleno de gente, al bueno de Dodger. No contento con ésto, Dodger acaba en un charco de agua marronceta y se va cabizbajo a… su casa? No, a una extraña tienda de objetos mágicos, antigüedades, baratijas y basurilla en general.

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En la siguiente escena descubrimos que Dodger trabaja para un hombre muy majete que no se sabe de dónde ha salido, pero todavía cree en la magia antigua y en los hechizos, y muy esperanzado se pasa la vida pidiendo a Dodger ingredientes como ala de murciélago o sombra de una lechuza y cosas así. Es el capitán Manzini, y según aprendemos en la conversación que mantienen, Dodger ha estado trabajando para él durante cuatro meses, pero en esos cuatro meses no ha entrado nadie en la tienda. Así que, ¿de qué vive el gran Manzini? La sombra de lechuza no se come, ni siquiera echándole mucho tomate, y ¿para qué necesita ayuda de un crío que llega todos los días rebozado en mierda? Preguntas sin respuesta que se añaden a la ya de por si embarullada trama de esta película.

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Manzini tiene en su tienda la nave espacial con forma de cubo de basura que vimos al principio, y resulta que la nave tiene realmente el tamaño de un cubo de basura standard. Ahí cabe toda la pandilla basura? Estarán un poquitín apretados, y ya no quiero ni imaginar el pestuz que habrá dentro. Dodger tropieza con el cubo y está a punto de abrirse, y a cambio recibe toda una parrafada de parte del señor Manzini en la que compara al cubo con la caja de Pandora, dando por hecho que si alguna vez fuera abierto, todos los males del mundo recaerían sobre nosotros. Cuidado con el cubo, Dodger!

El bueno de Dodger es un ser humano, y resulta que se pone burrátil con la novia del malote de Juice, Tangerine, que todo sea dicho está tremenda, aunque estoy viendo ahora que en el año de grabación de la película la chica tenía quince años y eso me hace sentirme un poco pederasta, pero hey. El problema es que mientras Tangerine tiene quince años pero aparenta veinte, Dodger tiene catorce pero aparenta once. Con lo cual, la pareja es bastante imposible, ya no sólo porque el novio de Tangerine la puede armar si se entera (y la arma), sino porque Dodger no tiene ni un pelillo en el bigote, y Tangerine tiene pinta de metérselas dobladas.

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Mientras Dodger intenta vender un montón de gilipolleces a Tangerine para hacerle la pelota, Juice irrumpe en la tienda y se monta una absurda pelea que tiene doble resultado. Uno, que Dodger acaba como siempre en las alcantarillas rebozado en mierda líquida. Y otro, que el cubo se abre accidentalmente.
Si estabais esperando este momento para comenzar a presenciar un festival escatológico, olvidaos del tema, porque aunque veréis algún moco, Valerie Vomit no vomitará nada en absoluto hasta el final de la película. Sí amigos, a partir de este punto comienza la trama más absurda que se podría haber inventado para una película basada en la pandilla basura.
Resulta que la pandilla basura son unos buenazos que sólo hacen guarradas con la gente mala que realmente lo merece, ayudan a Dodger a salir de la alcantarilla y a reponerse de las contusiones, y cuando por fin llega Manzini a la tienda y se encuentra con todo el pastel, nos somete a otra de sus parrafadas, que esta vez versa sobre la verdadera belleza, que realmente está en el interior, y en que la verdadera fealdad está en la gente perversa y ruin. Oh dios mío, la película va a tener un hilo argumental absurdo y encima también moraleja!
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La pandilla, que no tiene ni un pelo de tonta, descubre que Dodger está que no caga con Tangerine, y le confeccionan una chaqueta al más puro estilo Michael Jackson (con galones y hombreritas de esas de cortinilla), para ver si, ya que Tangerine es diseñadora de moda amateur en busca de una oportunidad, consigue impresionarla y con un poco de suerte moja el churramen de una vez. Habéis oído bien, la pandilla basura COSE una chaquetita para Dodger. No se cagan en su cara y le sacan una espinilla con un taladro, no. No le hacen aguadillas en una piscina de diarrea y le atan los huevos a un taxi, no. LE COSEN UNA CHAQUETA.

Dodger llega muy elegante y limpio a casa de Tangerine, la cual se sorprende de la ropa tan fantástica que lleva, pero en vez de dejarle mojar el churramen se aprovecha del pobre chico pidiéndole más ropa molona de esa que le hacen sus amigos y dejándole acompañarla a la puerta de la discoteca de moda, en la que vende sus propios diseños a las tías ochenteras que la frecuentan, una actividad en la que realmente tiene mucho éxito.
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Mientras tanto, la pandilla basura se aburre, y se van por la noche de marcha a LIARLA (cómo odio esa frase). Pero una vez más, una nueva oportunidad de ver vómitos volando por el cielo se ve frustrada porque la pandilla la LIA de la forma más inocente posible. Van al cine, estornudan encima de las palomitas, que salen volando por los aires, roban chocolatinas a los espectadores, dan por saco todo lo que pueden, y si os fijáis bien, los paquetes de palomitas se rellenan de forma misteriosa. Pegón Pepón, el lagarto que come dedos y algún otro miembro osado de la pandilla se van a un bar llamado “The Toughest Bar in the World”, que viene a ser algo en plan “el bar más duro del mundo“. No haré comentarios sobre ello, porque he visto por lo menos un bar con un nombre más absurdo, que es en el que quedamos cada día que vamos a ensayar con el grupo. En él, después de un pequeño altercado con los consabidos moteros, al final todos se hacen colegas hasta la muerte en una escena de esas en plan “hey, me gusta este tipo, tiene agallas!”.
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A todo esto, Tangerine consigue que unos grandes almacenes le hagan un desfile de modas con sus propias creaciones, pero, consciente de que los diseños de los amigos de Dodger son mucho mejores, convence al pobre crío dándole ilusiones de que tal vez pueda acceder a sus bragas, para que le confeccione catorce vestidos distintos.
Me resulta muy difícil de digerir que la pandilla basura sean unos maestros de la aguja, el hilo, la máquina de coser, y que tengan un dominio absoluto de los patrones, de la estética y de la moda más moderna y cool de mediados de los ochenta, pero en fin, así lo han querido los guionistas. Realmente os imagináis a Apestoso Generoso cosiéndoos unos pantalones que marquen bien el culo? O a Podrido Rodrigo confeccionando una minifalda con vuelo? Yo no.
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La pandilla accede, a cambio de que Dodger les ayude a encontrar al resto de sus amigos, es de suponer que se refieren a los personajes de los quinientos mil cromos restantes, que están escondidos en algún lugar de la ciudad. Todo indica que están presos en la, atención, “Residencia para feos“, un edificio custodiado por perros y guardias, en el que están encerrados por orden judicial los tíos más feos de la ciudad. Por fin un poco de realismo en la película, una cárcel para feos! Toda ciudad la tiene, verdad? Y hey, quién no ha estado allí alguna vez? Yo ahora mismo estoy en libertad condicional, pero tengo que llevar el pelo muy largo para que me tape la cara, o podrían volver a encerrarme…
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Los chicos se ponen manos a la obra para terminar los trajes para el desfile, con una estúpida canción que alaba las virtudes del trabajo en equipo y que tiene un estribillo pegadizo a la par que repugnante que dice “we can do anything by working with each other” (podemos hacer cualquier cosa si trabajamos juntos), y no. En serio, NO. Sois la pandilla basura, caramba, cómo podéis hacer que nuestros ojos sangren viendo semejante ridiculez? La película pierde credibilidad por momentos.
Tangerine descubre que ellos son los que realmente los están haciendo, y del asquete que le dan prohibe a Dodger que se acerquen a menos de cien metros del desfile y de su cara, con lo que Dodger no tiene más remedio que encerrarlos en la tienda, mientras Tangerine le traiciona y se chiva de la existencia de la pandilla basura, que acaba al completo en la cárcel para feos, que resulta ser una nave con celdas, en las que cada prisionero tiene un cartelón bien visible en el que está escrito el motivo del arresto. Hay un hombrecillo delgado con un cartel en el que pone, evidentemente, “demasiado flaco“, e incluso está Papá Noel, acusado de ser “demasiado gordo“. Por eso, amigos, debéis comer mucha fibra y mucha vitamina B, para tener un término medio y no acabar en la cárcel para feos.
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Manzini y Dodger, con la ayuda de los moteros del bar más duro del mundo, liberan a la pandilla, y se cuelan todos en el desfile, liándola parda y montando un auténtico cirio, dando al traste con la reputación y futura carrera en la moda de Tangerine, que deberá volver a ser groupie de Rikki Rockett. Todas las guarradas que llevábamos esperando durante hora y media tienen lugar en esta escena, aunque finalmente sólo son un par de pedos de Windy Winston y un vomitajo verde de Valerie Vomit, que resulta ser más falso que las bolitas de pollo chinas, pero hey, era la inocente década en la que lo más repugnante del mundo era el blandi-blub.

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Y con ésto llegamos al final de la película, cuando todo el barullo ha pasado, el desfile ha sido un fracaso, y todos han aprendido una lección y se han dado cuenta de muchas cosas.
Tangerine ha aprendido que la belleza está en el interior, que su novio es un mierdas, que Dodger es un calzonazos y que aunque parezca un crío no es feo el chico, y después de pedirle disculpas le pregunta si pueden ser amigos. Pero Dodger ha aprendido que las tías muy buenas pueden ser a la vez unas zorronas de cuidado, y le contesta que “ya no le parece bonita”, para que todos los espectadores captemos la indirecta y dejemos de marginar de una buena vez al pobre crío horrible de clase con el que nadie habla porque le huelen los sobacos cada día al subir del recreo y tiene unas orejas como hélices de un hovercraft.

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Finalmente, después de mucho intentarlo, Manzini consigue, o cree conseguir, dar con el hechizo necesario para devolver a la pandilla de nuevo al cubo de la basura, que consiste en “tocar su canción al revés“. Permitidme hacer una pequeña pausa en ésto. Ahora resulta que lo que pensábamos que era una simple banda sonora de la jodida película, en realidad es “la canción de la jodida pandilla basura”? Por qué tiene una canción la pandilla basura? Quién la ha elegido y designado como tal? Se pueden añadir más detalles absurdos a la película? Oh sí, se puede. Si la pandilla basura viene del espacio en una nave, por qué hace falta el paripé del hechizo para meterlos de nuevo en el cubo? No pueden entrar por la puerta? Manzini dice lo de “mirad chicos, ésta es vuestra canción” como si fuera lo más normal del mundo, y comienza a tocarla al revés con los ojos cerrados, que resulta ser lo mismo que al derecho pero con un efecto remix cutre de fondo, por supuesto que el hechizo no funciona y la pandilla se escapa alegremente, siendo el capitán Manzini el que se mete de culo dentro del cubo.

Y así acaba la película, dejándote más frío que un polo genérico del Eroski, con la sensación de haber perdido dos horas de tu vida que nunca volverán, pero que como estás con faringitis tampoco tenías muchas cosas mejores en las cuales invertirlas, y con esa puerta abierta a la secuela, que afortunadamente y dado que la película fue un fracaso, nunca llegó.
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Si la recordáis o la veis uno de estos días, me encantará leer vuestras impresiones, así como de los cromos que seguro tuvisteis, a no ser que vuestra madre os tratara como a un crío cursi y os los confiscara. Feliz navidad, año nuevo y “todo eso que se suele decir”.