No-Söund Effect en Alemania – parte 2
Algunos de nosotros, sobre todo Fernando y yo, podrÃamos pasarnos durmiendo intervalos enteros de 36 horas. Por el contrario, Sergio, Ismael, Tania y Diana son del club de fans de levantarte los dÃas de fiesta a esas horas en las que sólo hay por la calle extraños ancianos con una barra de pan y borrachos que vuelven a casa haciendo zig-zag. Carlos supongo que cae en una categorÃa intermedia. Asà que decidimos quedar todos a una hora más o menos razonable, las 9:30, para desayunar tranquilamente ya que habÃamos quedado con Josh a las 11.

Josh es el cantante de Past M.D., el grupo que nos habÃa invitado a tocar en Alemania, de una forma muy inesperada y sorprendente. Si habéis leÃdo mi artÃculo sobre Stranger, sabréis ya la fascinación cuasi-obsesiva que siento por la discográfica GAMA Records, y la idolatrÃa que profeso por el 90% de sus grupos. Midnight Darkness era uno de ellos, aunque si a grupos de GAMA como Stormwitch o Tyrant, que eran tal vez los más longevos y conocidos, normalmente no los conoce ni el tato si sacas el tema a la hora del café en el curro y similares, a Midnight Darkness posiblemente aún los conozca menos gente. Editaron un solo disco, Holding the Night, en 1985, y se separaron justo después por motivos variados, con lo cual Midnight Darkness terminó casi incluso antes de empezar. Josh, el bajista Klaus y el guitarrista D.P. formaron un grupo glam, muy al estilo que estaba de moda por entonces en USA, llamado Bornchild con el que estuvieron girando hasta 1990 y grabando un montón de demos, pero la cosa no terminó de cuajar y nunca llegaron a tener un contrato discográfico o a grabar un disco. Bornchild se separaron en 1990, y Josh y D.P. no volvieron a encontrarse hasta 14 años después, cuando en 2004 comenzaron un nuevo proyecto juntos que resultó ser Past M.D. (algo asà como un guiño a que es un proyecto posterior a Midnight Darkness).

Como buen fan obsesivo que soy, en cuanto descubrà que dos ex-miembros de uno de los grupos de mi adolescencia volvÃan a estar juntos haciendo música, les mandé un mensaje via Myspace diciéndoles que me molaba mucho el disco que sacaron, y haciéndoles un montón de preguntas sobre detallitos de aquellos años que sólo me interesan a mi. Me imagino que Josh (el encargado de administrar el Myspace de Past M.D. y con el que contacté primero) se quedarÃa un poco anonadado de que, de repente, apareciera de la nada una especie de groupie español, que cuando Midnight Darkness existÃan tenÃa 5 años, preguntándole cosas como qué aspecto tenÃan los estudios Spygel o qué solÃan merendar durante las grabaciones. Josh resultó ser un tÃo muy majo, que no tenÃa ningún problema en hablar de los viejos tiempos, asà que mi felicidad no conocÃa lÃmites y comenzamos a escribirnos de vez en cuando.
Cuando le dije en plan de broma, pero que si colaba, colaba, que si necesitaban unos teloneros contaran con nosotros, no esperaba que a las pocas semanas me dijera que podÃamos ir a tocar con ellos el 29 de marzo en Witten, en el primer aniversario de un bar/sala de conciertos de moteros. Principalmente porque alguien que lleva tantos años en la música tiene que conocer a un montón de gente, demasiada como para invitar de repente a un grupo español que acaba de conocer hace tan sólo unos meses. Y porque la música que aparecÃa en nuestro Myspace tenÃa ya un par de años, y no reflejaba realmente cómo suena No-Söund Effect hoy en dÃa, suena mucho más suave y melódica, tal vez no la más indicada para un bar de moteros (aunque yo estaba seguro de que el sonido actual sà que ablandarÃa el corazón de los moteros alemanes), y me sorprendió gratamente la confianza que Josh puso en nosotros, que podÃamos ser un grupo que no pegara ni con cola, o un aburrimiento, o una panda de desgraciados, o unos principiantes, o un grupo de travestis, o unos psicópatas, o un club de coprofagia, o zoófilos ninfómanos, o cualquier otra cosa que os podáis imaginar. Al fin y al cabo, el que iba a quedar fatal si el grupo español resultaba ser una puta basura era el bueno de Josh, y el hecho de que el hombre se arriesgara asà por las buenas a invitarnos le hizo ganar 50 puntos de popularidad en mi libro de tÃos majos.
Tras esta pequeña introducción sobre Midnight Darkness, los clubs de coprofagia y mi obsesión con GAMA Records, volvemos al hotel. Carlos y yo fuimos incapaces de salir de la habitación a tiempo para desayunar, ya que entre duchas, afeitados, retoques de pelillos de la oreja y acicalamientos variados, que a veces somos peores que Paris Hilton preparándose para salir de juerga, traspasamos la puerta de nuestra habitación 123 a las 10 de la mañana, justo la hora a la que acababan los desayunos en el hotel.
Nuestro hotel en el que dormÃamos astutos estaba situado en una especie de zona residencial a las afueras de Dortmund, bastante lejos del centro, y en la que no habÃa más que calles interminables, viviendas unifamiliares, alguna tienda de periódicos y chicles, y un par de extrañas pizzerÃas que sólo abrÃan un rato al dÃa entre semana, y medio rato al dÃa los fines de semana. Asà que decidimos ir a la gasolinera de cerca del hotel para conseguir un café y algo medianamente sólido para desayunar. Sacar un café en una máquina alemana es toda una loterÃa, porque si exceptuamos Capuccino, que al parecer es igual en todos los idiomas, el resto de modalidades de café tienen unos nombres bastante poco intuitivos para los que no sabemos alemán, y siempre te da la impresión de que hay trampas para turistas que ponen para putear y hay un botón en el que realmente pone “semen de burra” o “caspa podrida de grillo loco”. Gracias de nuevo a la inestimable ayuda de Diana, con nuestro café y pastelito variado en la mano, y tras ver una tienda que tenÃa pintados en su fachada unos extraños dibujos sospechosamente similares a Mortadelo y Filemón (sinceramente lo último que esperaba ver allÃ), divisamos a lo lejos que se acercaban Josh y Frank, siendo este último el bajista de Past M.D.

El momento histórico de conocer por fin en persona al cantante de Midnight Darkness sólo se vio empañado por el hecho de que me pilló tragando café y masticando una especie de brazo de gitano que me habÃa comprado a medias con Fernando, no fue la forma más correcta de saludar a alguien que acabas de conocer, pero es que tenÃa mucho hambre.
Conocimos también a Frank, que habÃa estado un tiempo en España y chapurreaba algunas frases tan útiles como “vamos titis”, “arroz, Catalina” o “gilipollas”, aparte de que conocÃa perfectamente la diferencia entre “pollo” y “polla”.
Mi amigo Emilio, el viajero perpetuo, me habÃa dicho pocos dÃas antes que él ya nunca llevaba frutas de Aragón como regalo de Zaragoza porque habÃa descubierto que nunca le gustaban a nadie. A pesar de eso, decidimos llevar a Josh como souvenir una cesta de frutas de Aragón, una botella de vino y un adoquÃn. El momento de explicarle en inglés qué era el adoquÃn fue complicado, y sospecho que Josh se quedó con la impresión de que le habÃamos llevado como souvenir una especie de piedra de mierda para chupar. Cogà mis vinilos de Midnight Darkness y Noisehunter, mi rotulador blanco, Carlos y yo montamos en el coche de Josh con Frank, el resto subieron a nuestra fabulosa furgoneta Volkswagen Minivan, y nos pusimos en camino hacia Wuppertal, la primera parada de nuestro dÃa turÃstico.

Wuppertal es el pueblo natal de Josh, según me contó nació encima de una colina en una casa algo apartada del pueblo, y al parecer eso de la soledad y la tranquilidad le sigue llamando la atención, ya que nos comentó que se acababa de mudar de casa a un pueblo de poquÃsimos habitantes sin tiendas, bares ni básicamente nada. Se me ocurrió la fabulosa idea de que Josh podÃa montar una tienda de algo, y su mujer podÃa comprarle cosas algunos dÃas, y otros invertir los papeles y ser Josh el que comprara y su mujer la que vendiera. No se si pondrá en práctica mi plan, pero realmente fue la mejor opción que se me ocurrió en ese momento.
Cuando me dijo que era su pueblo natal, todos nos imaginábamos un sitio pequeñÃsimo tipo Villacangrejo de Ebro, pero Wuppertal resultó ser un sitio enorme, con un valle lleno de praderas verdes a un lado, y con todos sus puntos intercomunicados por el famoso Schwebebahn, que es una especie de monoraÃl sujeto a la vÃa por el techo. El Schwebebahn y la aspirina, que fue inventada en Wuppertal por el señor Bayer, son las dos aportaciones más importantes de este sitio a la humanidad, asà que como a nadie le apetecÃa tomarse una aspirina asà medio en ayunas, decidimos montarnos en el Schwebebahn.

El Schwebebahn (trenecico a partir de ahora) es como un autobús pero mucho más divertido, porque está lleno de tÃas buenas y cuando se para hace un movimiento asà pendular que debe ser fantástico para cuando vuelvas borracho a casa. Tiene un montón de paradas e intercomunica una punta del pueblo con la otra. Pensábamos bajar a mitad, pero como realmente se hace muy corto, al final hicimos el recorrido completo, asà tuvimos tiempo de intimar un poco más con Josh y Frank, y descubrir que el Estadio de fútbol de Wuppertal hace también las veces de Zoo. Para romper un poco el hielo, sugerà que a lo mejor los animales se ponÃan a jugar al fútbol por la noche, cuando nadie los miraba, pero no se si tuve excesivo éxito.

La otra punta de la ciudad era básicamente igual que desde la que partimos, aunque tal vez tenÃa más aspecto de centro, y dado el tiempo que estuvimos en ella, una media hora, puede decirse que hicimos todo el recorrido del trenecico para comprar cosas en un supermercado.
Los alemanes beben cosas bastante extrañas. Al parecer el agua mineral sin gas debe ser un bien preciado y escaso como si intentaras comprar un disfraz de comadreja en un pueblo de esquimales. En cambio, las estanterÃas están llena de agua con gas, y agua con sabores tan diversos como piña, manzana o melocotón. Cogimos cada uno una botella de agua con sabor variado, que luego resultaron ser todas una puta porquerÃa imbebible que en vez de calmar la sed te daba deseos de cortarte la lengua y lanzársela a los caimanes, y un montón de paquetes de chicles exclusivamente alemanes. Poco después, descubrimos con horror que a los chicles alemanes se les va el sabor en cuatro minutos escasos, y el resto del tiempo te lo pasas con una especie de bola semielástica en tu boca sin ningún tipo de sabor.

Tras la apasionante visita al supermercado, cogimos el trenecico de vuelta, pero esta vez no habÃa donde sentarse, no habÃa tÃas buenas, y sólo tenÃamos al lado a una buena mujer, que seguro que estaba maldiciendo la hora en la que se habÃa situado a nuestro lado, ya que Fernando y Frank comenzaban a descubrir que tenÃan una gran afinidad, y ambos estaban haciendo una demostración de aspavientos y sonidos raros marca de la casa de Fernando.
Decidimos que ya estábamos hartos de tanto trenecico y tanta agua repugnante con regusto a manzana, asà que nos pusimos en camino dirección a Colonia. El agua con efluvios de sabores nos habÃa dado a unos cuantos unas ganas de mear indescriptibles que se acentuaron durante el viaje hacia Colonia, con lo cual no recuerdo mucho de ese trayecto excepto unos deseos irrefrenables de tirar el chicle de cereza, que llevaba algo asà como dos horas sin ningún tipo de sabor, y la vejiga más prieta que jamás he llevado, deseando llegar a cualquier sitio que tuviera un báter, un agujero standard o una simple pared. De tal manera, la primera visita nada más llegar a Colonia fue a Saturn, la tienda más enorme de discos de la ciudad, pero no 
a comprar discos, sino a hacer uso de sus baños, que por cierto apestaban a diarrea lÃquida de semejante forma que todos los que entramos deseamos no haber nacido jamás. No obstante, Ismael aprovechó para comprarse un CD de Dream Theater, cosa que no celebré en absoluto porque me aburren más que observar la fabricación de unas zapatillas de cáñamo, Josh se compró uno de White Lion, Carlos le echó el ojo a uno de Testament y yo me maravillé al descubrir que existÃa una sección especÃfica de Stormwitch. Me hizo tanta ilusión que sólo por eso compré la reedición de Walpurgis Night por 18,99€, algo asà como 3 veces más de lo que me habrÃa costado si lo hubiera comprado online, pero hey. Soy idiota? SÃ.

Colonia es una ciudad enorme y con un tráfico bastante agobiante. Es imposible aparcar, y al parecer la grúa se te lleva el coche sin ningún tipo de miramiento. Además, según nos contó Josh en uno de nuestros múltiples viajes al parkÃmetro para echar más dinero, ya que nuestras visitas a tiendas de vinilos y similares se alargaban más de lo necesario, es la capital alemana del mundo gay, asà que durante uno de esos viajes, en el que nos perdimos irremediablemente por las callejuelas de Colonia buscando la furgoneta, y sospecho que hicimos algo asà como veinte circunvalaciones hasta que la encontramos, decidimos que el DVD que editarÃamos de la gira alemana de No-Söund Effect se llamarÃa “Lost in Gaytown“. TodavÃa no estoy muy convencido de cumplir la promesa.
Como puntos positivos de Colonia, cabe destacar que mires donde mires siempre ves casas y arquitectura tÃpica alemana de los siglos XVII y XVIII, de esas que parece que en cualquier momento va a asomar Mozart por una ventana a gritarte “cuidao!!“.

Colonia es también una ciudad realmente limpia, tanto que si te pillan tirando una colilla al suelo te pueden multar con 40 euros, si no recuerdo mal. Eso me hizo recordar que tendrÃa que tirar 3 colillas al suelo de Colonia para igualar el importe de mi multa por poner un cartel en una farola de Zaragoza. En cambio, no parece haber ninguna ley contra los chicles y las mierdas de perro en las aceras, ya que éstas estaban totalmente plagadas de ambos, tanto que algunas aceras de calles secundarias parecÃan un auténtico campo de minas, no en vano Diana pegó una patada involuntaria a una caquina de perro que afortunadamente estaba reseca y simplemente voló por los aires durante unos segundos.
Llegó la hora de comer, y Josh estaba bastante emocionado con llevarnos a probar el tÃpico Currywurst, que son salchichicas a trocitos con salsa de curry, muy a pesar de Fernando, que llevaba varias horas con el codillo alemán dando vueltas dentro de su mente, un codillo que aún tuvo que esperar 48 horas para degustar.
Josh demostró su temple, paciencia y saber estar en el momento en el que tuvo que transmitir a la camarera los menús de siete españoles que cambiaban de parecer cada cinco segundos. El mÃo con agua. Yo no quiero curry. No hay agua sin gas? pues entonces Fanta. De limón. Mejor de naranja. Yo salchichas no. El agua me la cambias por coca-cola. Cuando me estaba temiendo que Josh iba a perder la calma y nos iba a meter a todos una salchicha con curry por el santÃsimo ano, el hombre hizo todos los cambios necesarios para que todo el mundo tuviera su menú a su gusto. Desgraciadamente, no fue la última vez ese dÃa en la que Josh tuvo que demostrar su paciencia.

La verdad es que el currywurst estaba cojonudo y me habrÃa comido siete raciones, pero decidà no abusar no me fuera a ir patas abajo en algún momento poco propicio, que cuando estás de viaje nunca se puede confiar en lo inesperado. Carlos se ganó a pulso que alguien dijera de él que “he eats everything!“, ya que fue recogiendo las miguitas de todos los platos y comiéndoselas cual hormiguina.
Una vez hubimos terminado de comer, y con la lengua todavÃa haciendo ruiditos de peta-zetas por el curry que habÃamos ingerido en cantidades industriales, procedimos a visitar las partes fundamentales de Colonia, bajo la amenaza de lluvia de un cielo que cada vez se ponÃa más negro y que parecÃa la escena esa de Ghostbusters en la que todos los fantasmas están a punto de salir disparados de golpe para amargar la vida a Peter Venkman.
La catedral de Colonia es, como dirÃan nuestros padres o cualquier adulto aburrido que se hubiera ido de viaje a Alemania y nos lo estuviera contando, “impresionante”, y el ambiente de brumas negras que comenté antes le daba un aspecto mucho más amenazador, sobre todo a las
gárgolas que poblaban sus cornisas y que tanta emoción provocaron en Fernando, que en cuanto las vio comenzó a exclamar “ahà va!! hay gárgolas!!” y a hacerles fotos cual japonés cualquiera.

Las catedrales están muy bien para un rato, pero nuestro afán consumista nos llevó a solicitar a Josh que nos indicara dónde estaban situadas las tiendas de vinilos en Colonia porque ya sabéis, ¿de qué sirve viajar si no te puedes llevar un vinilo de recuerdo?
Las que visitamos la verdad es que eran bastante decepcionantes. Los precios eran altos, habÃa una en cuya sección “EMO” podÃas encontrar a Metallica o Morbid Angel (todavÃa tengo que ver a Trey Azagthoth con flequillito tapándole media cara y haciéndose auto-fotos para el myspace), y la variedad un tanto escasa. Como Carlos y yo ya llevábamos un buen rato mirando discos, y las caras de los demás, que querÃan ir a Music Store (una de las tiendas de instrumentos musicales más grandes de Europa), cada vez se asemejaban más a la de un vecino asesino, cogimos un par de cosas, incluyendo un vinilo de Hüsker Dü a precio de petróleo, y nos metimos en los coches rumbo a Music Store.

A partir de aquà comenzó la tragedia, y realmente pensamos que la desgracia se iba a cernir sobre nosotros durante el resto del dÃa. Mientras Josh estaba aparcando el coche en el parking de Music Store y nos comentaba a Carlos y a mi que para él también era la primera vez que visitaba la tienda, de repente sonó un estruendo detrás de nuestras cabezas que tenÃa toda la pinta de explosión de cristales. Y efectivamente, era la luna trasera del coche de Josh que habÃa sido reducida a cachitos milimétricos al ponerse en su camino una especie de bordillo que habÃa en una de las paredes. Semejante acontecimiento tan inesperado nos provocó a Carlos y a mi una sensación incómoda en la que por una parte nos sentÃamos culpables y por otra tenÃamos ganas de darle un besico a Josh en la calva y salir corriendo de allÃ. Afortunadamente, Josh no perdió la calma, se sentó, bebió un trago de su agua con sabor a manzana, nos dijo que no importaba porque el coche estaba asegurado, retiramos todos los cristales que pudimos, repartà pañuelos de papel para limpiar la sangre de los cortes que se hicieron Josh y Carlos al retirar los cristales, y subimos a Music Store con semblante ambiguo.

Eran las siete menos cinco de la tarde cuando nos habÃamos juntado con los demás, les habÃamos contado nuestro feliz incidente con los bordillos y los cristales, y finalmente traspasábamos las puertas de la tienda. Quién podÃa imaginar que la mayor tienda de instrumentos musicales de Europa cierra a las siete de la tarde? Si a esa hora todavÃa no sabes ni el calibre de tus cuerdas! A esas horas todavÃa no has decidido si quieres un bajo Explorer u otro Thunderbird. La tienda se iba vaciando poco a poco, y sus empleados nos decÃan amablemente con sus caras, aunque sin mediar palabra, que desapareciéramos de allà tan pronto como fuera posible. Las caras de Ismael, Fernando y Sergio, que estaban realmente interesados en mirar cosas en la tienda, pasaron de tener pinta de vecino asesino a tenerla de vecino asesino loco y desilusionado, que como bien sabréis, es mucho peor. Un nuevo sentimiento de culpa recaÃa sobre la cabeza de Carlos y la mÃa, porque tal vez habÃamos pasado mucho tiempo mirando discos, y el final del dÃa no prometÃa ser feliz bajo ningún concepto. Pero repito, ¿quién podÃa imaginar que la mayor tienda de instrumentos musicales de Europa cierra a las siete de la tarde? Por suerte, todavÃa no estaba todo dicho y Dormagen devolverÃa la sonrisa a nuestras almas.

Nuestra siguiente parada y última era, efectivamente, Dormagen. Dormagen, Dormagen… ¿a quién le interesa, de todos los pueblos que hay en Alemania, visitar precisamente Dormagen, un lugar donde no hay nada relevante? Pues a mi! Porque en Dormagen, aparte de ser el pueblo natal de Noisehunter, se encuentra Rock Inn, el bar que montó el cantante y guitarrista de Noisehunter Hanny Vasiliadis cuando por fin abandonó el mundo de la música por completo. Noisehunter, Noisehunter… ¿qué grupo es ese? ¿a quién le interesa, de todos los bares que hay en Alemania, visitar el de Hanny Vasiliadis? Pues a mi! Porque ha sido uno de mis grupos favoritos desde que los conocà allá por 1996, sudé sangre y lágrimas para encontrar sus tres discos allá por aquellos oscuros tiempos de mediados de los 90, me los aprendà de memoria, y por supuesto, ni en mis sueños más absurdos, me dio por pensar en 1997, cuando estaba estudiando COU y volvÃa por la tarde a mi casa caminando con parsimonia y escuchando “Metal Lover” en mi walkman, que once años más tarde el cantante de Noisehunter me estarÃa poniendo personalmente una birra.

Josh es un viejo amigo de Hanny, ya que Noisehunter y Bornchild (el grupo medio-glam de Josh en los 80) tocaron juntos en más de una ocasión, asà que ya le avisó de que Ãbamos a estar esa noche por allÃ, e incluso le comentó la posibilidad de que pudiéramos tocar allà esa noche (Rock Inn tiene un escenario pequeñito, y se organizan conciertos en ocasiones especiales), aunque al final no fue posible por problemas con el local y los vecinos.
Para mi, ir al Rock Inn fue como visitar el Hard Rock Cafe, pero con cosas que realmente me interesa. Ver la chaqueta de Jimi Hendrix, una guitarra de The Edge, o los zapaticos de Chuck Berry en una vitrina la verdad es que me da bastante igual. Ahora bien, ver un poster o una foto promocional de Noisehunter en la pared de un bar, que tiene los altavoces sujetos con antiguos herrajes del equipo de luces del escenario que solÃan usar, mientras le pides una ronda de quince birras al cantante, es algo que no se consigue todos los dÃas. Hanny Vasiliadis tiene una absurda colección de teléfonos móviles, ordenados cronológicamente desde los de formato ladrillo hasta los más pequeñicos, detrás de la barra, y es un tipo majete, aunque no demostró una emoción brutal al ver aparecer a un fan de su antiguo grupo que habÃa llegado desde España, acarreando un vinilo y un rotulador especial, para conocerle. Supongo que es hasta cierto punto comprensible porque, cuando yo descubrà a Noisehunter en 1996, el grupo ya hacÃa por lo menos cinco años que no existÃa, y precisamente por aquellos años fue cuando varios de sus miembros, incluido Hanny, decidieron dar por finalizada su carrera musical y comenzar a dedicarse a otras cosas. Asà que, aparecer en 2008 emocionado con un grupo que lleva más de quince años desaparecido, tiene que transmitir aunque no se quiera una pequeña sensación de “haber llegado un poco tarde”. Aún asÃ, pude charlar un rato con Hanny, le dije lo que me parecÃa la música de Noisehunter, mi opinión sobre el disco póstumo con otro cantante que se editó en 2005, y me contó por encima algunas cosas de los últimos dÃas del grupo y de por qué se separaron finalmente. Todo ello mientras de fondo sonaba “too young to die“, del último disco de Noisehunter, lo que hizo que se convirtiera todo en un momento histórico en mi vida que jamás olvidaré.

Mientras tanto, la depresión por los acontecimientos de la tarde se habÃa convertido en risilla tonta por las cervezas Paulaner de medio litro que nos estábamos bebiendo, tantas rondas que al final todos perdimos la cuenta (que no Hanny, porque lo iba apuntando todo en un papelito pequeñito). Sergio se arrancó y comenzó a enseñar el refrán de “el perro de san roque no tiene rabo” a nuestros colegas alemanes, mientras los demás espiábamos a la única tÃa buena del bar, ya que no debimos ir en la mejor noche, porque el 95% de los presentes eran tÃos gordos con chalequito de cuero.
Se iba haciendo tarde, aún tenÃamos que cenar, el concierto era al dÃa siguiente, y los miembros restantes del grupo tenÃan la extraña apetencia de hacer un último ensayo rápido sin sonido en el hotel, asà que llegó la hora de pagar. Sorprendentemente, aunque Hanny habÃa ido contando todas nuestras birras y el número total de unidades casi alcanzaba las tres cifras, el precio final era sorprendentemente bajo. Le comenté que a lo mejor habÃa habido algún error porque me parecÃa muy barato, y cuando me puso una cara extraña y tuve miedo de que me hubiera entendido mal y comenzara una reyerta de bar de moteros con mesas volando y tacos de billar partiéndose en espaldas, me dijo que uno de los principales objetivos del bar era tener precios asequibles, y que suerte en el concierto del dÃa siguiente.

Lo último que vimos de Dormagen fue la hamburgueserÃa Jimmy-Burger, que a pesar de tener un nombre puesto asà como porque no se le ocurrÃa otro al dueño en ese momento, ofrecÃa unas hamburguesas del tamaño de un ballenato, rellenas de cosas hasta los topes. Nada que ver con la ranciedad de la hamburguesa de un euro del McDonald’s, desde luego. Un camarero con pinta de cocinero, empeñado en que éramos italianos, no dejaba de decirnos “bona sera a tutti” y “molte grazie”, mientras la camarera demostraba un interés especial hacia fernando, que quedó patente cuando le llevó una ensaladica especial.
Se me ocurrió decirle que la invitara a nuestro concierto del dÃa siguiente, que tenÃa pinta de portarse bien, pero Fernando me dijo de forma airada que esa era la frase más sexista y despreciativa que habÃa oÃdo en su vida. Pero hey, ya sabéis, las rockstars tenemos que decir de vez en cuando frases despreciativas para que nadie olvide que estamos por encima de sentimientos y vicisitudes vulgares.
El final del segundo dÃa de nuestro viaje a Alemania, y posiblemente el más largo, nos encontró a todos en la habitación de Fernando, intentando hacer un pequeño ensayo silencioso para pulir algunas cosas para el concierto del dÃa siguiente, un ensayo que lógicamente acabó de forma absurda, por culpa de la afición de algunos de nosotros a expeler gases variados, asà que al final terminamos tocando una especie de versión horrible de “another one bites the dust”, que decidimos que seguramente era lo que sonarÃa cuando Freddie fuera tan borracho que el bigote le cambiara de sitio al eructar.

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2 respuestas en “No-Söund Effect en Alemania – parte 2”
el 30/5/2008 a las 1:15 pm :
Son gOrgolas!!!!
La verdad que estuvo muy bien ese segundo (primer?) dÃa en Alemania. Acabé la noche contentÃn, que incluso me pareció ver a la salamandra ancestral. Espero que Josh no tuviera que pagar mucho por su luna trasera, aun me siento mal
Conseguà un vinilo de Krokus que mola bastante, y todos se me echaron encima cuando saqué uno de Samantha Fox. Se ve que a ellos no les va el buen jamón.
Además en esa cena consagré mi fama de carroñero cuando me acabé la pizza que habÃa empezado el bueno de Josh.
No fue este dÃa cuando vimos Conan en alemán?
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el 22/7/2008 a las 2:54 am :
jaja.. si me podido reir con algunas cosas… ya no recordaba..
“ay vaaa!!! si son Górgolasss!!!” (me salió con ” o “…) que gañan jaja xD
Tengo ganas de repetir otra experiencia del estilo, haber si lo de Suecia cuaja, que promete y serÃa guapo tambien.
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