Casi me mato en el Monsters of Rock 2008
Algunos festivales salen bien, como el de Villarejo, del cual sólo me llevé una faringitis y un empacho de hamburguesas, pero otros salen rematadamente mal, como la edición 2008 del Monsters of Rock. De este festival me llevé algo más y, sinceramente, preferirÃa no haberlo hecho. Como bien sabréis si estuvisteis allà o leÃsteis los periódicos al dÃa siguiente, el dÃa 11 de julio, primer dÃa del festival, tuvo un final algo abrupto y bastante inesperado, a la par que frustrante. La tormenta de 15 minutos y el fuerte viento que la acompañaba, que comenzó a soplar cada vez con más fuerza durante la actuación de Ted Nugent, arrasó literalmente el escenario y la zona del festival, forzando la cancelación del mismo también para el dÃa siguiente. El resultado fue un escenario más mojado que las ingles de Bud Spencer en agosto, un montón de equipo inutilizado, focos caÃdos y rotos, altavoces empapados, y un herido. No está mal, no? Para la hecatombe repentina que se montó con la lluvia, y la especie de fin del mundo en pequeñito que se vivió durante esos minutos, la verdad es que la cosa podrÃa haber sido mucho peor, y tal vez se recordarÃa como aquel Donington de 1988, cuando murieron aplastados dos pobres británicos mientras tocaban Guns’n'Roses. Jamás pudieron llegar a ver a Axl con trencitas, o a Slash y Duff tocando con Scott Weiland, que está más delgado que Amy Winehouse, y nunca podrán asistir al lanzamiento de Chinese Democracy, aunque sospecho que nosotros tampoco. Asà que el hecho de que sólo una persona de miles resultara herida en el Monsters of Rock 2008 fue todo un logro, un alivio y algo realmente digno de agradecer al destino, con una única excepción.
La excepción es que ese herido fui yo.

Pero remontémonos unas pocas horas para ponernos en situación. Ahora que ha pasado prácticamente un mes, puedo mirar hacia atrás en perspectiva e incluso tomarme la historia con algo de humor. Y como al final parece que no habrá que lamentar consecuencias que me cambien radicalmente la vida, supongo que incluso deberÃa hacerlo.
El Monsters of Rock se lleva realizando en Zaragoza desde hace dos años, en 2006, cuando el festival duró sólamente un dÃa, cayó en domingo, y tuve suerte de no madrugar demasiado y currar poco por esa época, porque si no, el dÃa siguiente habrÃa sido una auténtica desgracia que no habrÃa sido compensada ni por ver en persona las tetillas de Blackie Lawless tal y como hicimos en aquella primera edición.
El año pasado no fui por vagancia, y porque realmente tampoco es que hubiera ningún grupo que me llamara especialmente la atención. De hecho, era difÃcil encontrar alguno que me impulsara realmente a acudir. Dream Theater? Madre mÃa qué sopor. Kamelot, Black Label Society, BrujerÃa (!), Mägo de Oz, Mastodon, Children of Bodom… realmente parece un festival hecho a mi medida… a la medida que necesito para quedarme en casa feliz y contento, porque creo que son los grupos que menos me seducen del panorama musical actual. Y nada menos que Motörhead de cabezas de cartel de uno de los dÃas, cuando yo detesto a Motörhead y a todos esos que dicen con orgullo “Lemmy es Dios”. Por qué es Dios? Nunca entenderé esa frase. De repente parece que Motörhead han inventado la piedra filosofal del rock y que si no te gusta Lemmy eres poco menos que un imbécil.

De todas formas, Pretty Maids y Slayer, los dos grupos junto a Megadeth que me habrÃa gustado ver en la segunda edición, repetÃan en el Monsters of Rock 2008, que contaba con el gran aliciente (y casi único) de tener a Iron Maiden en una de sus dos únicas fechas en España de su gira “Somewhere Back in Time”, recuperando temas viejos de la época ‘85-’88 y con un montaje y una escenografÃa al más puro estilo de su gira “World Slavery Tour” de 1985, ambientada en el antiguo Egipto y con esfinges, pirámides, sarcófagos, mallitas azules de Dave y mascaritas de Bruce que todo bicho viviente pudo presenciar o bien en persona o en el vÃdeo de la gira que se editó, Live After Death.
Yo tenÃa cinco años cuando todo eso ocurrÃa y, a pesar de que Powerslave fue mi primer disco de Iron Maiden, aquella gira me la pasé yendo al colegio, comprando cromos, jugando con plastilina y viviendo felizmente en mi casa, con lo cual no tenÃa ni el más mÃnimo interés ni edad de ir a un concierto de Iron Maiden.
Mi fiebre Ironmaideniana ya pasó hace muchos años, y hoy en dÃa no sigo dÃa a dÃa las noticias que giran alrededor del grupo, y la verdad es que me da igual que editen el vigésimoquinto disco en directo o que el próximo disco en estudio vaya a tener toques progresivos, lo cual significará que Steve Harris compondrá un montón de canciones de 8 minutos a las que les sobrarán cuatro minutos por canción.
Pero evidentemente, verlos en directo en esta gira tan especial es algo distinto, y encima en mi propia ciudad, sin necesidad de irme hasta el festival ese de Mérida en el que también tocaban, una idea que sugerÃa mi colega Carlos, cuya fiebre Ironmaideniana en cambio sigue a punto de nieve.

97 euros por el abono para los dos dÃas de festival no es una cifra fácil de pagar de golpe, sobre todo si le unimos el precio de una entrada para ver un concierto aburrido de House of Lords al que fui coaccionado por Carlos, que compramos ese mismo dÃa. Pero la diferencia entre tener la entrada para un solo dÃa y el abono completo era sólo de unos 30 euros, y asà el viernes podrÃamos ver a Twisted Sister, Thin Lizzy, Deep Purple y Pretty Maids. O eso pensamos. Aunque ahora se que más me valdrÃa haber comprado sólo la entrada para el sábado, el panorama para el sábado era tan desolador en cuanto a grupos que la única forma de compensarlo era sacando el abono completo.
AsÃ, aunque odie a Iced Earth, Avenged Sefenfold y Rose Tattoo me den más igual que ver cómo es por dentro un disfraz de morsa y todavÃa no comprenda bien qué mierda pintaba Lauren Harris en el cartel pudiendo estar The Wildhearts, entre los dos dÃas podrÃamos ver grupos que es difÃcil que vengan a España, y lo más importante, serÃan dos dÃas diferentes, con mis colegas, después de un petardo de semana frente al ordenador, en un festival profesional. Profesional? Tal vez no tanto.

Cuando vi los horarios del viernes, y teniendo en cuenta que salgo de currar a las 3 de la tarde de Zuera, asumà pacientemente que no podrÃa ver ni a Rage ni a Pretty Maids, y que con suerte a lo mejor llegábamos a tiempo de ver a Thin Lizzy, que aunque da una sensación un poco rara porque Phil Lynott se murió hace ya bastantes años, ahora canta John Sykes y está guay. Además tiene una canción en solitario que se llama Cautionary Warning que nunca me canso de escuchar (aunque no se cómo llegó a ser la sintonÃa de una serie de anime un poco rara).
Al final, tras hacerme un bocadillo enorme, coger tres albaricoques que despertaron la risa de Carlos, quedar con Nacho, esperar a Jose, llegar a la feria de muestras, encontrar a Ismael y Tania, beber unas birras calientes en el parking y, sobre todo, escuchar las frases “Ted Nugent tiene buenos riffs” y “he venido para ver a Zin Lixi” de alguien que se las daba de entendido, cuando por fin entramos en la zona de conciertos eran las tantas y Ted Nugent estaba ya por la mitad de su set. Daba igual, todavÃa quedaban Deep Purple, Twisted Sister y Saxon.
A medida que Ted Nugent iba tocando canciones, el cielo se iba poniendo cada vez más negro, un nubarrón se acercaba peligrosamente hacia nuestras cabezas, tapando medio cielo, y se estaba levantando un viento bastante fuerte. Carlos sacó un litro de birra al módico precio de 7,50€ y a mi me tocarÃa sacar el siguiente. Por una vez, y sin que sirva de precedente, me gustarÃa no haberme escaqueado a la fuerza y haber sido capaz de sacar ese siguiente litro, pero no fue posible y esos 7,50€ fue nuestra única contribución a la barra del festival. Lo siento por las camareras, porque realmente Carlos y yo casi nos rompemos el brazo a codacitos.
Cuando Ted Nugent terminó su set, y estábamos esperando a que montaran y prepararan el escenario para Deep Purple, el cielo cada vez tenÃa peor pinta, comenzó una tormenta eléctrica, el nubarrón negro ya estaba encima de nuestras cabezas y el viento era ya huracanado.
Si Ted Nugent tuvo problemas para mantener su bandera americana por culpa del viento, y al final la tuvo que retirar provocando la alegrÃa de la mayorÃa de los asistentes, ahora era el personal de seguridad el que estaba teniendo verdaderos problemas para mantener las vallas en pie y evitar que todo saliera volando por los aires. Algunas partes del escenario, como los focos colgantes o parte de la amplificación, se balanceaban de una forma sospechosamente peligrosa, y de hecho, Jose y yo comentamos que como se cayera algo por culpa del viento Ãbamos a protagonizar una tragedia de las buenas. Supongo que tenemos algo de videntes.

En vista de cómo se estaba poniendo el panorama, y dando por hecho que ninguno de nosotros tenÃa ganas de ir volando hasta el paÃs de Oz para encontrar al hombre de paja y demás amigos, decidimos ponernos a cubierto hasta comprobar si realmente era una tormenta veraniega un poco bestia, cuánto duraba y cuáles eran las consecuencias, porque seguramente durarÃa poco y a mi personalmente no me apetecÃa ver a Deep Purple chorreando agua de mi camiseta de Joan Jett.
La siguiente vez que abrà los ojos estaba tirado en el suelo, mojado, frÃo, desconcertado, dolorido, y con un barullo de brazos, manos, gritos, cabezas y caras por todo mi cuerpo. No sabÃa muy bien dónde estaba, pero di por hecho que algo no iba muy bien y que mi fin de semana se habÃa arruinado por algún motivo. Pregunté qué habÃa pasado a dos o tres de esas caras, y poco a poco me fui enterando de que me habÃa caÃdo algo encima, parte de la estructura o una plancha metálica o unos focos o algo asÃ. Me parecÃa tan absurda la historia que tuve que preguntar unas cuantas veces más, hasta que decidà que eso tenÃa que ser un sueño raro y desagradable de esos que tienes a veces, pero que cuando te suena el despertador y te tienes que ir a currar de repente ya no parece un sueño tan malo y prefieres volver a él y quedarte en la cama rascándote la oreja.

Realmente no sabÃa muy bien si estaba en el festival, si estaba en mi casa soñando o qué estaba pasando, pero un dolor intenso en la cabeza que me llegaba hasta la punta de la nariz me fue despertando hasta que llegamos al puesto de la Cruz Roja que estaba habilitado en alguna parte de la feria de muestras. Por el camino, mis amigos me dijeron que me habÃa caÃdo una plancha de la torre de luces, situada enfrente del escenario y en la que también estaba la mesa de mezclas, encima justo de la cabeza. Que la plancha era de un metro y pico de largo por medio de ancho y estaba hecha de hierro, es donde se apoyan los operarios de la torre de luces para mover focos y tocar cosicas. Que una primera plancha habÃa rozado la pierna a Nacho y que habÃa intentado tirar de mi para que no me diera la segunda, pero que a pesar de que en un alarde de mis reflejos, que no suelen salir a relucir muy a menudo, la habÃa golpeado con mi mano izquierda, la plancha me habÃa golpeado de lleno en la parte superior de la cabeza en incluso me habÃa arrastrado unos metros hasta que finalmente habÃamos caÃdo al suelo.

También supe que habÃa estado inconsciente durante cinco minutos, los cuales aproveché para soñar una escena alternativa que nunca ocurrió, pero que conté felizmente a un enfermero de la Cruz Roja cuando me preguntó qué habÃa pasado, para comprobar si tenÃa amnesia post-traumática. Yo estaba convencido de que “estábamos en la cola del baño, y de repente hemos visto una plancha de hierro volando por aires y me ha dado en la cabeza” y asà lo conté, con todo lujo de detalles, hasta que mis amigos dijeron que no, que eso no habÃa ocurrido y que en la cola del baño habÃamos estado mucho rato antes, asà que al parecer mezclé varios de los momentos previos en uno en el sueño que tuve durante el rato que estuve inconsciente. Gracias a dios que mi sueño fue bastante simplón, porque si llega a ser un poco más elaborado y tan real como el que tuve, podrÃa perfectamente haber dicho a la gente de la Cruz Roja que “entonces apareció Joan Jett en bolas de cintura para arriba, y de cintura para abajo también, y me dijo que no era lesbiana, y me llevó volando junto a Lee Aaron hasta los camerinos de Stormwitch, que eran los siguientes en tocar, pero apareció Marky Ramone con su peluca y me tiró una plancha de hierro a la cabeza”.
Llevo un tiempo pensando que soy gafe. Hace poco Ãbamos a tocar en una sala bastante guay de Zaragoza y la cerró la policÃa la noche anterior. Mis amigos ligan cuando no van conmigo. Cogà faringitis para uno de nuestros últimos conciertos, y encima vinieron 15 personas. Y ahora ésto, me caÃa una plancha de hierro en la cabeza y era el único herido de un público de miles de personas en un festival bien acondicionado, de un nivel profesional y de renombre internacional. Porque estaba bien acondicionado y tenÃa un nivel profesional, no? La tormenta fue fuerte y el viento también, pero el agua y el granizo duraron algo asà como quince minutos, tres veces el tiempo que yo estuve inconsciente. Realmente es suficiente como para convertir el Monsters of Rock 2008 en una especie de escena post-apocalÃptica con planchas de hierro cayendo sobre la gente, focos precipitándose al vacÃo, una torre de luces a punto de desplomarse sobre el suelo, miles de personas corriendo sin saber a dónde, un equipo totalmente inutilizado y mojado, y un escenario con medio metro de agua al que ni JJ French saldrÃa?

En Alemania, sin ir más lejos, hace bastante peor tiempo que aquÃ. Y se realizan festivales en invierno. Y cae una lluvia que hasta el mismÃsimo Noé dirÃa “ostia de dios!”. Y nadie muere, no caen planchas, no caen torres y los festivales se terminan. Porque tal vez allà enganchen las estructuras como es debido, tal vez allà tengan en cuenta los imprevistos y cubran el escenario con algo más que una telilla absurda que sale volando cuando tres jevis estornudan a la vez. Tal vez allà no monten festivales con el menor de los mÃnimos necesarios de seguridad y valoren algo más la integridad fÃsica del público que les da de comer y de sus propios trabajadores. Porque estoy convencido de que alguien, al planificar el festival, dijo “Vale, ésto lo haremos asà porque es julio y hace buen tiempo y tal, y no creo que pase nada raro. Y si pasa… bueno, pues ya veremos lo que se hace”. Pero todo ésto no lo tengo que decir yo, que no tengo ni idea de festivales ni de nada relacionado con ellos, ni siquiera me acuerdo de una vez para otra de qué calibre son las cuerdas de mi bajo.
Cuando la ambulancia en la que me iban a llevar al hospital no arrancaba, mi teorÃa de que me habÃa convertido en un gafe monumental cada vez cobraba más peso. Mis amigos tuvieron que empujarla hasta que finalmente me pasaron a otra y nos pusimos en camino hacia el hospital Miguel Servet de Zaragoza.
El resto de la noche la pasé como en una bruma extraña y agotadora, deseando que acabara y que todo pasara lo antes posible. Carlos todavÃa sostiene que intenté ligar en la ambulancia con una chica de la Cruz Roja diciéndole una tontada, pero yo todavÃa no me lo creo. Será que me tengo que dar un planchazo en la cabeza cada sábado para recuperar mis dotes perdidas de seducción?
Cuando llegamos al hospital, ya con mis padres avisados y de camino hacia allÃ, comenzó una retahÃla de scanneres cerebrales, radiografÃas de todo el cuerpo y pruebas psÃquicas y motrices que culminaron con un análisis de sangre, la vacuna del tétanos, siete puntos en la cabeza, una sindactilia (yo tampoco sabÃa lo que era hasta entonces) en el pie, vendas en la mano y una vÃa en la vena para el gotero.
Me despojaron de todos los zarrios que llevo colgando de cuello, muñecas, dedos y orejas, lo metieron todo en un guante de látex, a modo de bolsita improvisada, y en cada prueba que me hacÃan alguien sugerÃa cortarme la camiseta de Joan Jett con unas tijeras para quitármela, ya que con el collarÃn y la vÃa era imposible sacarla. Aunque era blanca, estaba llena de sangre, no me habÃa traÃdo muy buena suerte y era muy posible que no fuera a estar presentable jamás, mi incipiente sÃndrome de Diógenes me obliga a tirar cosas que todavÃa pueden ser aprovechables, asà que conseguà que nadie me pegara un tijeretazo y, de hecho, pasé con ella esa noche y el dÃa siguiente.

Cuando por fin me pude librar de la camilla, que era durÃsima y me estaba dejando la espalda como la cadera de Mick Mars, y tras pasar lo que parecieron horas en la sala de espera, mientras Carlos y Nacho compartÃan emocionados impresiones sobre las piernecicas de dos tÃas que estaban allà y que jamás pude ver porque no podÃa incorporarme, me trasladaron a una cama de la sala de observación. No me lo podÃa creer. No podÃa más, me dolÃa todo, todavÃa no estaba muy convencido de todo lo que estaba pasando, estaba preocupado por mis amigos, por mis padres, y por mi hermana que aún no sabÃa nada porque estaba de viaje fuera de Zaragoza. Mi traumatismo cráneo-encefálico habÃa provocado al parecer una hemorragia interna, pero a mi ya me daba igual todo, sólo querÃa dormir un poco, olvidarme de todo, soñar con algo que no incluyera estar en la cola de los baños y descansar. No pude ver bien cómo era la sala en la que me habÃan situado porque mi cabeza estaba todavÃa un poco agilipollada, pero vi que estaban todas las camas vacÃas excepto la de un abuelo en la otra esquina. Las enfermeras eran todas más guapas que Molly Ringwald (y eso que mi fetiche son las azafatas de avión) y muy agradables, a pesar de que tenÃa todo el almohadón lleno de sangre secuza y daba bastante grima, y recordé que me habÃa levantado a las 5:30 de la mañana para ir a currar y que habÃa sido un dÃa muy, muy largo y muy, muy penoso.
Al dÃa siguiente comenzó mi estancia de 4 dÃas en la sala de observación y por la mañana vinieron a verme mi madre y Nacho, el cual me trajo El Periódico de Aragón, en el que se decÃa que el único herido del Monsters of Rock, vuestro humilde servidor, habÃa sufrido un roce de una plancha metálica. Hey, eso no es lo que pone en mi informe médico! Al parecer tengo que ser atropellado por un autobús en llamas lleno de luchadores de sumo con diarrea para que el resultado sea algo más que un leve roce. Fue un golpe mortal y, aunque al principio me daba un poco de rabia tener que haber sido el único de un público de miles de personas en caerle una plancha, en el hospital tuve horas muertas para pensar y sentirme agradecido, porque si hubiera recibido el golpe en cualquier otro ángulo, o no hubiera desviado la plancha esos milÃmetros con la mano, es muy posible que ahora estuviera tetrapléjico o algo incluso peor…
La organización del festival nunca se personó en el hospital para averiguar mi estado, tampoco realizó ningún tipo de llamada telefónica o comunicación conmigo o con el hospital, lo cual es una auténtica pena, porque en caso contrario podrÃan haber informado correctamente a los medios y haberles enviado un comunicado verÃdico.

Los que sà que aparecieron fueron dos miembros de Leyenda Prohibida, el grupo Zaragozano que iba a abrir el Metalway del sábado y que al final no pudieron tocar por la cancelación del mismo. Fue un detalle tremendo y muy inesperado para mi porque no me conocÃan de nada, el accidente habÃa tenido lugar el dÃa que ellos no tocaban y, básicamente, no tenÃan por qué hacerlo. Asà que desde aquà les mando un abrazo muy fuerte, y la verdad es que espero verlos por ahà muy pronto, fuera del contexto del hospital, y poderles invitar a tomar algo. Aunque sospecho que uno de ellos no estaba muy a disgusto allÃ, ya que creo que ellos compartÃan mi opinión con respecto a las enfermeras.
Estar en el hospital es un rollo. Pero estar en la sala de observación es aún peor. Sobre todo cuando, a pesar de que cuando llegué habÃa poca gente, a las pocas horas sufrÃamos un verdadero overbooking de enfermos. Por allà alguien vomitaba cada cinco minutos de una forma estruendosa. Por allá alguien necesitaba evacuar y oh, sorpresa! tenÃa diarrea. Por una esquina alguien discutÃa con una enfermera porque no querÃa que le pinchara. Por la otra esquina pitaban aparatos y se encendÃan luces. Cada cinco minutos, un aparato me tomaba la tensión automáticamente, es una de las cosas que más grima me daban en este mundo hasta entonces, ya que terminé totalmente inmunizado a la sensación después de que esa máquina me tomara la tensión cuatrocientas veces seguidas.
Y todo ello durante las 24 horas del dÃa. Doliéndote la cabeza y todo el cuerpo en general, sin poder dormir, resudao, sucio, lavándote con una esponja y con el frÃo del aire acondicionado. TenÃa que hacer pis en un botellÃn especial de plástico, y gracias a dios el neurocirujano decidió que ya podÃa ir levantándome poco a poco de la cama cuando llegó el momento de hacer cosas más sólidas, eso sÃ, con el armatoste del gotero a cuestas y la bolsa de suero conectada a mi vena.
Las enfermeras, médicos, celadores y todo el personal eran muy majos y la verdad es que el buen carácter ayudaba bastante a estar allÃ, incluso fue a visitarme Yolanda, que fue la primera persona en atenderme cuando me cayó la plancha (gracias), y aunque ella estaba allà como público (para ver a Thin Lizzy), dio la casualidad de que trabajaba al dÃa siguiente en el Miguel Servet.
Durante un rato que no me dolÃa la cabeza porque me habÃa tomado un calmante, escribà una letra para una canción basada en la historia de la plancha, e incluso tuve moral de dibujar a mi grupo. El dibujo causó sensación entre algunas enfermeras e incluso una me dijo que si se lo podÃa regalar, yo decidà que tenÃa que acudir al hospital más a menudo para recibir alguna inyección de ego.
Pero en el fondo sólo deseaba irme a mi casa, cuyo suelo pisé por fin el lunes 14 de julio.

Ahora ha pasado casi un mes, muchos dolores de cabeza en el sentido más literal, muchos médicos, muchas pruebas, muchos scanners, muchas pastillas, mucha cama, muchos mareos, pero la evolución parece que es buena y de momento confÃo en que la única secuela que me quede sea este extraño peinado de cura que me hicieron al raparme un cÃrculo en la cabeza para ponerme los puntos, qué mal queda, con lo que yo he sido!
Mi reproductor mp3 no es en absoluto comparable con mis padres, mi hermana, Nacho, Carlos, Jose, Fernando, Ismael, Tania, Fiona, MarÃa, los que vivieron conmigo la noche penosa del viernes y los dÃas sucesivos, pero mi estancia en el hospital habrÃa sido muchÃsimo más nefasta si no hubiera tenido a Honeycrack y a Silver Ginger 5, en concreto esta canción, que para bien o para mal siempre me va a recordar a una cama de hospital con un colgajo en la vena, una botella para el pis y enfermeras guapas. Os la dedico a vosotros, gracias a todos/as por estar conmigo.
Haz click para escuchar!
Silver Ginger 5 - Inside Out
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4 respuestas en “Casi me mato en el Monsters of Rock 2008”
el 12/8/2008 a las 4:44 pm :
No sabes el sustÃn que nos llevamos, pero afortunadamente se quedó en eso, un peinado a lo Fray Ramón Envid, y la confirmación de que cuando no eres muy consciente de tus actos tienes mayor capacidad de ligue.
También es preciso recordar al enfermero que nos comentaba cosas de Bruce Dickinson al llegar al hospital, la rubia de ojazos mas azules que el mar Caspio, y las amigas/hermanas con unas piernicas que harian palidecer al mismisimo M.A. Barracus.
También decir que perdiste una zapatilla en el incidente o te la quitaron, por lo que el nivel de lastima subió y las enfermericas estaban mas pendientes de ti, porque ya sabes eso de que cualquier accidente en el que se pierde una zapatilla es mas lastimero.
Ciertamente nos dió tiempo a disfrutar bastante poco del Monsters of Rock, un poquitico de Ted Nugent, una buena espalda al aire de una chiquica buenorra, algún que otro encontronazo inesperado e incomodo y las tetinas de las camareras que eran para hacerlas en escayola y sacarlas en procesión.
PD: recuerda que nunca olvidaré que no fueras capaz de dibujarme.
el 5/10/2008 a las 2:37 pm :
joer tio, vaya historia, por cierto en la foto de arriba te veo muy bien acompañado, está buena la tÃa. y detras hay una rubia con la espalda al aire…. madreeeeee
el 10/10/2008 a las 4:28 pm :
putaso
el 12/10/2008 a las 11:11 pm :
putaso no tendrÃa que ir con zeta?
la rubiales de la espaldica era el objetivo de la foto, de ahà nuestras sonrisitas de mongolos, tenÃa una espalda como para hacerle un monumento en bronce y depositarlo en lugar de la torre Eiffel.
un ratico más tarde tenÃa un agujero en el coco del tamaño de mi pie… ayer hizo 3 meses!
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