Creo que existe un refrán que dice algo así como “mejor estar solo que mal acompañado”. Lo utiliza mucha gente a lo largo de su vida, sobre todo cuando su pareja de años, en la que confiaban y a la que confesaron sus más íntimos secretos, como que en cierto modo les gusta el sabor de la cera del oído por las mañanas, repentinamente se van con su mejor amigo o amiga. Esa persona normalmente se siente en su fuero interno como una gran mierda, pero la más efectiva manera de enmascararlo es adoptar semblante de poker y comentar con acento despreocupado que “pues mira oye, mejor estar solo que mal acompañado”. Nunca cuela, pero la intención es lo importante. A mí no me gusta el sabor del cerumen por las mañanas, pero en cambio sí suelo utilizar una variante de esa frase en mi vida cotidiana, lo que ocurre es que mi versión tiene un matiz especial, suelo recortar la mitad de sus palabras y mi frase resultante es “mejor estar solo”.

Pero incluso un ser esquivo, solitario e insociable como yo, que necesita catorce horas de soledad al día para ser feliz de la misma manera que otras personas necesitan ocho horas de sueño, y que a veces piensa que es un alienígena de otro planeta cuando se ve rodeado de gente que considera ir a ver monólogos un sábado como un plan de puta madre, puede llegar a sentirse solo en algunos momentos de su vida. En realidad no soy tan insociable y huraño, lo de antes ha sido en cierto modo un recurso estilístico, pero sigo sin soportar los monólogos ni a la gente que va a verlos una noche y a la mañana siguiente te cuentan frente a la máquina del café los mejores gags del show, que normalmente no tienen ni puñetera gracia y como no sabes forzar una sonrisa te ves obligado a engullir tu café hirviendo y requemarte el paladar, con tal de emigrar de allí.

Y bien, ¿cómo paliar esos pequeños ataques de soledad que incluso un eremita vocacional puede llegar a sufrir? Podría casarme, pero ya lo hice tres veces, cuando en los noventa era habitual enamorarse una noche y casarse al día siguiente. Y las tres salieron mal. Además, con mi salario de alfarero no podría permitirme pagar otra manutención, y por otra parte comencé a olvidar los nombres de mis hijos cuando nació el cuarto. Podría comprar una mascota pero, a no ser que se tratara de alguna extraña raza de animal hecha de piedras que todavía no existe, y teniendo en cuenta mi fabulosa memoria elefantina que me lleva a planificar viajes para dentro de dos semanas y luego hacer otros planes porque se me han olvidado dichos viajes, lo más seguro es que el pobre animal terminara muerto de inanición dentro del cajón de los calcetines y preguntándose el porqué de su desdicha. No, no puedo cargar con tamañas responsabilidades porque soy un puto desastre, tiene que existir una opción más fácil de afrontar. Es aquí cuando entra en escena…


¿Cuál ha sido vuestro propósito de año nuevo? ¿Dejar de fumar, comer menos bomboncicos y chocolate después de cenar? El mío ha sido conseguir ir directo al grano en esta web, y no sentir la necesidad de escribir antes tres párrafos de tonterías. Como podéis ver, está siendo un auténtico fracaso, pero sé que vuestros planes con el chocolate también lo están siendo. Hey, no pasa nada. Bien, Growing Grass Head, Grass Head para abreviar, es una cabeza calva de trapo marrón con ojos estrábicos y sonrisa boba, que tiene como única extremidad una cuerda colgando de su parte inferior. Sé que es el momento apropiado para escribir alguna broma acerca de penes, pero he dormido poco y no consigo que se me ocurra nada, así que dejaré unos espacios para que vosotros y vosotras, seguramente con la creatividad más próspera que yo, podáis añadir vuestro chiste favorito acerca de penes. Porque Grass Head, para no tener brazos,          desde luego                   , más parecido a                                     nardo                                             ,                                              con catalepsia.

Al parecer, poniendo a Grass Head a remojo durante unos cuantos días, de su calva brotan unos espesos cabellos verdes, que en realidad son hierbajos, los cuales, una vez han adquirido una longitud medianamente digna, puedes comenzar a recortar tú mismo con el estilismo que desees. De hecho, el lateral de la caja te ofrece, por si acaso tuvieras la creatividad de un arácnido muerto, múltiples sugerencias y ejemplos entre los que se cuentan una coleta frontal con un lacito, una coleta frontal con otro lacito, una coleta frontal con dos gomitas, y dos coletas frontales con dos lacitos. Algo me dice que la caja fue efectivamente diseñada por arácnidos muertos.

Acostumbro a cortarme el pelo a mí mismo, en parte por perpetuar la filosofía Do It Yourself y en parte porque los peluqueros nunca conocen a los grupos musicales que les digo como referencia porque les quiero copiar el estilo, y siempre me acaban dejando peinado de oficinista. Cuando pasado un tiempo me veo obligado a visitar un peluquero de verdad porque mi cabello está absolutamente defenestrado, éste suele preguntarme si tengo alguna hermana ciega realizando prácticas de peluquería. Yo suelo contestarle que sí. Pero con Grass Head, si es que algun día brota algo de su cabeza, podré practicar mi vocación frustrada de peluquero sin necesidad de llevar una gorra durante un mes porque un experimento tratando de imitar a John Corabi salió mal.

De los seis tipos disponibles lanzados al mercado por la prestigiosa marca Sarandonghuayan, finalmente escogí el único cuya cuerdecilla cosida a modo de boca se asemejaba más a una sonrisa. Grass Head pretende ser mi nuevo amigo, el ser que va a hacer más llevaderos esos complicados instantes en los que te sientes incompleto, incomprendido, inconcluso, incomunicado, incómodo e incomandante Che Guevara. Si mi nuevo amigo tiene que ser una bola de trapo con ojos y pelo verde, más vale que sea sonriente y no tenga una mueca de muermo irritable durante todo el día. Eso no es todo. Como cualquier buen amigo, es necesario que Grass Head tenga un nombre y, tras leer las instrucciones en italiano, fue más que evidente que debía bautizarlo como Cordoncino.

Al iniciar el proceso descrito en las instrucciones, ya en el segundo paso me topé de bruces con los primeros problemas. Se suponía que Grass Head tenía que hundirse en un recipiente con agua, pero no hacía más que flotar. Estaba muy nervioso, Grass Head es lo más parecido a un hijo que he tenido bajo mi custodia, y no quería fracasar una vez más. Temía realizar un paso incorrectamente y que Grass Head se quedara calvo para siempre. Temía no saber hacerme cargo de Grass Head y no podría soportarlo, sería incapaz de seguir viviendo con la terrible culpabilidad encima de mis hombros cual losa de cemento. Necesitaba demostrarme a mí mismo, a todos mis amigos, y a toda mi familia, que había dejado de ser el maldito narcisista que ellos conocían para convertirme en una persona generosa, capaz de sacar adelante a un ser vivo como Grass Head. Así que me fui a beber una birra y a escuchar algunos vinilos nuevos de Elvis Costello que había comprado. Al día siguiente por la noche, cuando volví a recordar la existencia de Grass Head, eché un vistazo al recipiente con agua y, efectivamente, Grass Head se había hundido finalmente, dando oficialmente el pistoletazo de salida a este nuevo y fabuloso experimento del Escalón Imaginario.

Ignoro si Cordoncino llegará a tener pelo alguna vez, o tendré que acostumbrarme a que mi nuevo amigo sea una especie de plagio fraudulento de la mascota de Conguitos. De momento no albergo muchas esperanzas en ver brotar hierbas de su cráneo, pero nunca me he caracterizado por ser la persona más optimista del país. Anoche no albergaba muchas esperanzas de que hoy saliera el sol, temiendo que viviríamos el resto de nuestras vidas sumidos en la penumbra y, hey, finalmente el sol salió. Pero también había mucha niebla. ¿Veis? Nunca estoy contento del todo. ¡No os perdáis el próximo capítulo de la evolución de Grass Head, muy pronto aquí en el Escalón Imaginario!