El otro día renuncié a salir por ahí a cenar sushi como un cosaco por quedarme en casa, ver películas de mierda, beber birra barata y comer pipas rancias. ¿Mereció la pena? Podéis apostar que sí.

Cuando digo películas de mierda me refiero a que normalmente suelen ser realmente de mierda, pero la clase de mierda que me fascina hasta límites insospechados, con lo cual realmente no son de mierda para mi. Ya he comentado alguna vez que, pese a que considero que tengo buen gusto musical, mi criterio con el cine es despreciable y sigue anclado tal vez para siempre en la era del video-club cuando tenía 8 o 9 años. Siempre ando a la caza y captura de películas que tienen “buena pinta” de acuerdo a mis cánones penosos, principalmente las que tratan sobre niños karatekas, guerreros y magos demoníacos, o comedias adolescentes con animadores populares y desgraciados en lo más bajo de la escala social del instituto que de repente sufre un inesperado cambio en su vida al intercambiar su cuerpo con el de su padre mediante un extraño hechizo. Y lo peor de todo es que me las tomo muy en serio.

Pues bien, llevaba bastante tiempo detrás de cierta película que podría casi jurar que la llegué a ver de pequeño, porque en aquellos tiempos alquilaba todo lo que tuviera en la portada un ninja lanzando shurikens o alguien con una espada y boticas de pelo de oso pardo. Pero tengo una extraña cualidad que me permitiría ver la misma película cada mes si así lo deseara, porque todas las que veo, aunque haya sido quince veces, se me olvidan por completo a los cuatro días. Ésto es muy útil, realmente, porque podría tener una colección de cinco películas y tener algo nuevo y apasionante que ver cada semana durante el resto de mi vida, pero me causa una sensación un tanto incómoda cuando me veo envuelto en alguna de esas reuniones “recuerda-películas” y no consigo saber de qué puñetera escena están hablando los demás en la que salía un zombie al que se le caía un ojo al consomé.

Al parecer She no ha sido editada en DVD en España, sólo en Reino Unido y tal vez en Estados Unidos, y la cinta original en VHS es bastante complicada de encontrar, tanto que uno de mis pocos hallazgos culminó con un fulano que pretendría venderme una copia por 50€, oferta que amablemente me vi obligado a declinar, porque sabía que eventualmente podría conseguir una copia más barata y no me tendría que inventar el precio y mentir aquí contando que me había costado 3 euros para intentar tener imagen de un tío supercachondo que localiza cosas increíbles por cuatro duros.

Y dicho y hecho, el destino finalmente decidió hace poco obsequiarme con un VHS original de She, por unas diez veces menos de lo que me pedía el fulano anteriormente comentado: Vale, está bien, está sin rebobinar y la cinta tiene un par de pestañicas rotas. Huele raro y la cantidad de mugre me comunica que fue ex-propiedad de algún video-club remoto poblado por niños sudorosos. La imagen está un poco requemada y se ven granulitos, y algo extraño ocurre con la cinta porque al rebobinarla el vídeo no se para nunca y se queda en posición “Rewind” hasta el fin de los tiempos. Pero al fin es mía y puedo verla. Hey, ¿quién sabe? tal vez sea exactamente la copia que alquilé yo en su día. Porque sé que la alquilé, aunque no recuerde nada de aquel mágico momento.

She es una especie de mezcla entre Mad Max y Conan, y cumple a la perfección los escasos anhelos que tenía hacia ella: tres o cuatro tíos o tías haciendo un viaje hacia algún sitio para encontrar algún cacharro o rescatar a alguien, que van atravesando diversos parajes y encontrando enemigos raros. ¿Por qué todas las películas del mundo no pueden partir de esta simple premisa? El mundo del cine sería de nuevo algo fabuloso para mi.
Antes de empezar la película propiamente dicha, se nos muestra en pantalla una cita célebre de un tal H. Rider Haggard, que al parecer fue el escritor de Las Minas del Rey Salomón, amén de otros relatos de aventuras africanas. Las malas noticias son que en el doblaje español, una voz en off la traduce como “en la tierra, el cielo y el mar hay cosas extrañas”, que sinceramente te deja con ganas de exclamar “ah”.
La historia comienza en el “año 23 después de la cancelación”, que supuestamente es cuando el mundo tal y como lo conocemos dejó de existir y dio paso a una civilización pseudo-nómada que vive en colonias desperdigadas por caminos polvorientos y amarillos y ciudades semidestruidas llenas de graffitti y pis de gato.

Tom y Dick, fabulosos nombres dignos de cualquier héroe mínimamente memorable, son unos comerciantes que luchan por sobrevivir en este mundo de miseria y brutalidad acompañados de la hermana de Tom, que parece bastante majica pero no habla mucho. Tom es el rubio genérico habitual con media melenita, Dick es el amigo gracioso que se parece a Tommy Lee en 1994, y los dos sabían ya cuando estaban grabando la película que no llegarían muy lejos.
La acción comienza cuando los tres se personan en un mercado en el que la gente intenta vender bienes preciados del mundo pasado como Corn Flakes, jabón y una especie de chorizo a precio de oro, dispuestos a montar ellos mismos un puesto para vender cosas que nunca llegamos a saber qué son, pero podemos suponer que se trata de camisetas con mensajes graciosos como las que venden en las tiendas Tipo.
La felicidad dura poco, ya que nada más sacar la mesica aparece el ejército del malvado Hector quien, aparte de raptar a la hermana de Tom, les da tanto a él como a Tommy Lee semejante somanta de lenguaos que el día parece no comenzar del todo bien.

Al despertar y acercarse al pueblo cercano, nuestros pobres amigos son tentados por una bella señora que les promete comida y les insinúa mediante guiñitos un posible polvo sucio en una de las casas, pero como era de esperar les echa un ungüento en el cocido y nuestros héroes son a partir de ese momento esclavizados por el ejército de She.

She es la diosa y suprema líder de una especie de civilización en la que las mujeres poseen la absoluta supremacía, y visten unos atuendos en los que además de mostrar piernaca parece que en cualquier momento va a salir una teta volando.
Esta civilización se caracteriza por tener durante todo el día un mínimo de cincuenta tíos coreando “she! she! she! she!” de una forma bastante agobiante, y por encadenar a una roca a todos los hombres que se encuentren, los cuales luchan de una manera un tanto forzada por liberarse, y por hacerles atravesar con los ojos vendados una especie de caminillo hecho a mala ostia con troncos afilados y demás regalos. Tom, por supuesto, es esclavizado por la tribu de She y, también por supuesto, tiene que atravesar dicho caminillo tras lo cual se queda para el arrastre y al borde de la muerte aunque She, en un alarde de gracejo o porque tal vez queda prendada de las cachitas de Tom, le perdona la vida.

Tom es asistido por un tío raro que parece ser destinado a convertirse en el personaje secundario imprescindible que le salva la vida un par de veces a partir del minuto 70 de la película y que acaba siendo amiguísimo de todos, pero sorprendentemente ya no vuelve a aparecer, así que obviaremos hablar de él.
Mientras tanto, Tom rescata a Tommy Lee, que seguía encadenado y condenado a pelar cebollas durante el resto de la eternidad, y juntos se hacen pasar por seguidores del culto de She para tramar un acercamiento a ella y así averiguar dónde se encuentra la fortaleza de Hector.

¿Pero qué pasa con She mientras todos estos acontecimientos ocurren? She está interpretada por Sandahl Bergman, conocida por su papel de Valeria en Conan el Bárbaro y que seguro ha provocado más de un apretamiento de calzoncillo entre el público metalero durante los últimos casi treinta años. Sandahl Bergman me cae bien porque tiene la nariz un poco extraña y se parece a una ex-novia que tuve hace algunos años, con la salvedad de que Sandahl no tiene pinta de estar jodidamente loca como una puta cabra enferma. De hecho, parece la típica tía a la que le enseñas el pito en un alarde de locura y te sonríe con comprensión y benevolencia. Tal vez debido al mencionado papel de Valeria, realizado poco antes del rodaje de She y con el que se convirtió en una de las actrices con más potencial de éxito del momento, Sandahl actúa en esta película un poco como sin demasiadas ganas, poniendo habitualmente una expresión facial en plan “no se muy bien qué cojones estoy haciendo en esta farsa de película si acabo de interpretar a la novia de Conan y he hecho remojar la cama a miles de fans de Manowar, yo no debería estar aquí y eso lo sabe hasta este imbécil que se parece a Tommy Lee”.

Volviendo al hilo de la película, mientras tanto She realiza sus tareas diarias, que consisten en bajar a una especie de cueva para hablar con una vieja con cara de pasa que le proporciona interesantes profecías. El problema es que para llegar hasta allí tiene que atravesar una especie de peligroso almacén lleno de cajas. Dentro de cada caja, evidentemente, hay un tío mutante que trata de aniquilar a She la cual, tras cada batalla, tiene menos cantidad de tela en el vestidico lo que nos hace preguntarnos si al final acabaremos viéndole las vergüenzas de forma gratuita. Os anticipo que así será.

No acabo de comprender por qué están todos los mutantes metidos en cajas esperando a que aparezca alguien para salir. Supongo que así el susto es mayor y el efecto de reventar una caja y aparecer triunfalmente dispuesto a aniquilar siempre es más efectivo, pero no puedo alcanzar a imaginar lo aburrido de una vida dentro de una caja viéndolas venir si encima ya tienes el infortunio de ser mutante. Por no hablar de las molestias de, una vez habiendo destrozado tu caja vieja, tener que buscar otra entera para meterte dentro.
La cuestión es que dentro de una de las cajas hay una especie de mónstruo de Frankenstein con una careta muy parecida a una que me compré un día para una fiesta de Halloween que acabó saliendo un poco rana, el cual es el último escollo antes de llegar a la vieja de las profecías, y el cual es despachado por She de la forma habitual: un mordisco en el cuello hasta que se le escapa todo el gas y le explota la cabeza.

Por fin She alcanza su meta, que suponemos visitaría por lo menos una vez por semana como quien va a hacer la compra porque se ha terminado el jamón serrano, en la cual la vieja pasa le comunica muy gravemente que por el amor de un hombretón (suponemos instantáneamente que se trata de Tom el rubiales) no se cumplirá la profecía de la diosa She. También le indica que puede darse un bañico en una especie de lago cavernoso que tiene pinta de estar lleno de bichos y mugre, a lo que She accede alegremente y gracias a lo cual podemos finalmente ver de forma bastante gratuita las anteriormente citadas vergüenzas de Sandahl Bergman.

Pero no es el momento de apagar el vídeo e irnos a dormir o a emborrachar, no! Puesto que todavía queda la mitad de la apasionante aventura de She.
Tom y Tommy Lee raptan a She para que les guíe hasta la fortaleza de Hector, y llegan hasta los dominios de una banda de mutantes con vendajes de momia, gafas de sol, pinta de oler a crudo y frasecitas graciosísimas como “no me tires del brazo, que se me puede caer”. Episodio que, como era de esperar, ocurre más adelante.
Las momias introducen a Tom, Tommy y She dentro de la consabida habitación menguante que, si no me equivoco porque mientras esa escena estaba ocurriendo yo me debatía con una lata de cerveza que alguien había agitado y me estaba causando más de un problema con el sofá, al final termina de menguar del todo pero milagrosamente nadie muere aplastado, ya que cuando aparece el pueblo de She al rescate, aparecen nuestros tres protagonistas al trote, felices, e incluso en proceso de limar asperezas.

Hablando del pueblo de She, da la impresión de que se movilizan al completo montadas en sus caballos con el único propósito de salvar el pellejo de rebote a Tom y Tommy Lee, los cuales parece que se pegan el 80% de la película sin conseguir nada realmente digno por sus propios medios.
Como cuando se quedan a pasar la noche en una especie de aldea habitada por gays y ninfómanas, que visten de blanco y viven dedicados a la paz y a las cenas de gala rememorando lo que les habían contado sus antepasados acerca de las costumbres que se solían tener “en el mundo antiguo”.
Como aquella chica que conociste con la que increíblemente tenías tanto en común y parecía ser tu alma gemela hasta que descubriste que era una guarra, los habitantes de esta aldea tampoco son lo que parecen sino que realmente son hombres-lobo por la noche, con colmillos de plástico y todo, dispuestos a remordisquear el tuétano a Tom y Tommy si no llega a ser, una vez más, por la ayuda de She y su pueblo que acuden a salvarlos.

A partir de aquí, She y Shandra, su mano derecha y que comienza a tontear con Tommy Lee, deciden viajar con nuestros dos amigos hacia su destino final, llegando a una comuna liderada por un zángano con los brazos peludos llamado Godan, que se cree un dios y es adorado por todo el vecindario por el mero hecho de que tiene poderes telequinéticos y pone con los morros en el techo a cualquiera que se atreva a toserle. Como vosotros y yo haríamos si estuviéramos en la situación de Godan, al ver a She pide que se la lleven a sus aposentos privados con la intención de “estudiarla”, lo que en lenguaje Godaniano significa pasársela por la
piedra como si no existiera el mañana. Esto provoca las iras de una súbdita enamorada en secreto de Godan, y acaban matándose mutuamente en la escena más emotiva del film. Mientras tanto, Shandra y Tommy Lee continúan estrechando sus lazos poco a poco al comentarle el uno a la otra que “parece más alta” tras haber sido torturada durante horas en una
máquina de esas que te tira de las cuatro extremidades y tiene que ser bastante desagradable.

She, la película, tiene de vez en cuando conversaciones que no se sabe a ciencia cierta si fueron improvisadas o si justo después de tenerlas tuvieron que cortar el rodaje por las carcajadas mientras uno le decía a otro “ostia no se tío, me ha venido así y lo he soltao,
ostia qué risas tío”
. Una de ellas, metida a calzador y sin venir a cuento, es la que tiene lugar en la mansión de Godan, y transcurre así:

Tommy Lee: Qué te parece?
Tom: El qué?
Tommy Lee: Oh venga… te gusta!
Tom:…. sí. Me gusta.

Tras un breve encontronazo con un cirujano investigador que va vestido de renacentista y tiene como ayudante a un gordo fanegas con barba y tutú, al que le acaban quemando el laboratorio a mala saña y se queda sollozando, escena definitivamente más emotiva de toda la película,
que me provocó bastante tristeza e incluso casi me llevó a derramar una amarga lágrima, Tom atraviesa un puente del que ahora mismo hablaremos y es, como no, capturado instantáneamente por el ejército de Hector.

She y Tommy Lee, por su parte, tratan de cruzar dicho puente, custodiado por el personaje más irritante que he podido ver en una película. Se trata de una especie de marinero con pipa y aspecto de Popeye homosexualizado, más pesao que los relaciones públicas que te ofrecen tarjetitas de bares en Salou, y que supuestamente va haciendo imitaciones y canturreando canciones cargantes inconexas que, o bien realmente tenían que ser así, o bien el sentido se perdió durante la traducción y doblaje al español, porque ni he oído en mi vida semejantes tonadillas, ni sé a quién está tratando de imitar, ni tiene realmente ni puta gracia. Con la peculiaridad de que por cada extremidad amputada a espadazos aparece una copia exacta, y bajo la amenaza de tener que lidiar con un ejército entero de Popeyes
bujarras, She y Tommy se libran de él tirando a un par de clones por el puente, los cuales explotan al llegar al suelo, dando lugar a otra de las místicas conversaciones de relleno de la película:

Tommy Lee: Qué ha sido eso?
She: Una bomba.
Tommy Lee: Una qué?
She: Una bomba!
Tommy Lee. Qué bomba más rara.

Una vez infiltrados en la fortaleza, que no es más que una ciudad en ruinas con graffitti pseudo-punk en las paredes, She y Tommy Lee son por supuesto apresados, y obligados a participar en una pelea multitudinaria a la vieja usanza de los gladiadores romanos, organizada por Hector para regocijo del pueblo. Allí se reencuentran con Tom, el cual ya ha localizado a su hermana, y Hector deja marchar a los cuatro alegremente con la salvedad de que al amanecer aniquilará el pueblo de She al completo. Lo cual es como decir “te ofrezco a mi hija como esclava sexual pero te he cortado el nabo cuando no te dabas cuenta y lo tengo en un frasco de vinagre”.

A partir de aquí se nota que todos estaban deseando terminar la película de una buena vez, tanto como yo deseo terminar este pequeño artículo, ya que los cuatro héroes no tienen mejor idea que ponerse a montar todo un despliegue de trampas pueriles a las puertas de la fortaleza de Hector para evitar que el ejército las atraviese. Fosos en los que al final
nadie acaba cayendo, bombas que sorprendentemente luego no explotan, tablones con pinchos (fundamentales en cualquier ofensiva), y cuerdecicas varias que accionan mecanismos. Todo ello en un par de horas y, ¡oh, milagro!, She, Tom y Tommy Lee consiguen con sus propias manitas ventilarse al 97% del ejército de Hector en una escena que debería pasar a los anales del cine bélico junto a las batallas hechas por ordenador del Señor de los Anillos.
Cuando sólo quedan dos o tres tíos por eliminar, y parece que nuestros amigos están perdidos, una vez más aparece el pueblo de She (el cual realmente no podría haber sido aniquilado porque de todas formas ya estaba cabalgando al completo de camino hacia Hector), las cuales acaban con los remanentes del ejército y hacen huir con el rabo entre las piernas al propio Hector, el cual jura volver, en una secuela que lamentablemente todavía no ha aparecido.

Contra todo pronóstico, Tom se va en una barquichuela con su hermana sin prácticamente decir ni adios a She, en un giro inesperado de la historia que nos hace preguntarnos a qué fin venía todo el rollo de la profecía y la vieja pasa, así como ir metiendo a la fuerza la evolución amorosa de estos dos fulanos, si luego se van a ir cada uno por su lado fríamente como cuando te encuentras por la calle a un compañero de trabajo que te cae un poco gordo pero que te tienes que parar durante un minuto por la fuerza para no quedar mal.
El que sí que se va a vivir al pueblo de She es Tommy Lee, enamorado de Shandra, y dando carpetazo a la obra maestra que por fin había conseguido tener en mis manos, mientras suena una canción genérica baladesca. ¿He comentado que la banda sonora de She está compuesta por Rick Wakeman, teclista de Yes? ¿Y que tiene canciones de Justin Hayward (Moody Blues), Motörhead y de unos tales Bastard que sospecho que no llegaron a tocar nunca en Donington? Comprendo que suena extraño que el mismo tío que tocó en Close to the Edge se prestara para componer la banda sonora de esta película, pero tendréis que fiaros de mi palabra.

Así que, ¿mereció la pena? Como respuesta os diré que tengo intención de comprar el poster de la película para decorar algún sitio privilegiado y todavía sin decidir de mi casa. Con eso creo que se deberían disipar todas las dudas que os puedan surgir acerca de si deberíais localizar y ver esta película. Es obligatorio. Lo es. Forzoso, preceptivo, indispensable e imperativo. Aunque Tommy Lee no sepa lo que es una bomba.